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Petróleo vs inteligencia artificial: ¿quién puede más?

David Cano Martinez,
Socio de Afi y director general de Afi Inversiones Globales, SGIIC

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El mes pasado señalaba en esta misma columna cómo un shock inesperado en el precio del petróleo había bastado para invertir en pocas semanas el discurso de los bancos centrales, con el BCE subiendo tipos y la Fed descartando recortes https://asset.es/seis-meses-dos-giros/. El episodio no solo no se ha cerrado, sino que ha vuelto a intensificarse: el Brent ha regresado a la zona de 90 USD/barril, su nivel más alto en varias semanas, ante la reanudación de los ataques entre Estados Unidos e Irán y el práctico colapso del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. La consecuencia inmediata es conocida: el Euribor a 12 meses ha vuelto a máximos anuales, en la zona del 2,8%-2,9%, arrastrado por unas expectativas de tipos de intervención que se alejan cada vez más del escenario de recortes con el que arrancó el año. Aunque el petróleo no está en los máximos anteriores, el Euribor 12 meses, sí. ¿La diferencia? Que hoy el BCE tiene su tipo de intervención en el 2,25% frente al 2,00% anterior.

Evolución en 2026 del precio del petróleo y del Euribor 12m

 

La cuestión relevante no es ya si el petróleo va a seguir condicionando la política monetaria —evidentemente lo seguirá haciendo mientras persista la incertidumbre en Oriente Próximo—, sino cuánto tiempo puede convivir esa presión con el segundo gran foco de atención de estos meses: la inteligencia artificial (IA) como motor del crecimiento económico global.

El propio FMI ha certificado esta dualidad en la actualización de julio de su World Economic Outlook (con corte de datos a 10 de junio). El organismo recorta una décima el crecimiento mundial de 2026, hasta el 3,0%, por el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre los países importadores de energía. Pero al mismo tiempo, eleva las previsiones para las economías más integradas en la cadena de valor de la IA. El caso de Corea del Sur es paradigmático: el FMI ha revisado su crecimiento hasta el 2,6% (desde el 1,9%), apoyado en las exportaciones de semiconductores y hardware para IA. Es una señal clara de que, frente a un shock de oferta como el del petróleo, la IA está actuando como un contrapeso estructural y no meramente cíclico, con capacidad de alterar de forma perceptible las trayectorias de crecimiento nacionales según la exposición de cada economía a este proceso.

Revisión de las previsiones de crecimiento del PIB del FMI

Esta narrativa macro tiene su correlato bursátil. El Nasdaq dibuja desde los máximos del 2 de junio una corrección moderada (4,5%), en un contexto de deterioro del sentimiento hacia las grandes tecnológicas y de dificultad para consolidar por encima de sus niveles de referencia. Conviene, sin embargo, matizar la lectura de este movimiento: no es una corrección acompañada de un deterioro de los fundamentales. El crecimiento del BPA de las compañías más expuestas a la IA se mantiene firme, de manera que la caída de las cotizaciones se traduce en un ajuste a la baja de los ratios de valoración —el PER, en particular— sin que ello suponga, ni mucho menos, que las valoraciones hayan entrado en terreno barato: siguen, de hecho, sensiblemente por encima de sus medias históricas.

Evolución del crecimiento estimado del BPA y del BPA

Esta combinación —crecimiento de beneficios sólido, valoraciones exigentes pero corrigiendo desde máximos— es precisamente la que conviene vigilar en los próximos meses. Un mercado que digiere parte de su prima de valoración sin cuestionar la tesis de fondo no es lo mismo que un mercado que empieza a dudar del propio relato de la IA. De momento, los datos apuntan a lo primero. Pero, como ya nos ha enseñado el propio petróleo este semestre, los consensos —también los que hoy parecen más sólidos, como el del liderazgo indiscutido de la IA en los mercados— pueden revisarse con más rapidez de la que sugiere la calma aparente de las cotizaciones.

Evolución del PER del Nasdaq

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