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ViDA, España y el nuevo mapa europeo de la factura electrónica

SERES (Grupo Docaposte)

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La factura electrónica está dejando de ser una obligación aislada de determinados países para convertirse en una pieza central de la transformación fiscal y administrativa europea.

España ya ha dado los últimos pasos hacia la obligatoriedad de la factura eletrónica B2B, mientras que otros Estados miembros desarrollan sus propios modelos nacionales.

En paralelo, la Unión Europea ha aprobado VAT in the Digital Age (ViDA), una reforma que transformará progresivamente la gestión del IVA, la facturación electrónica y el reporte digital de las operaciones transfronterizas.

Para las empresas que operan en varios mercados, el reto ya no consiste únicamente en conocer cuándo será obligatoria la factura electrónica en cada país.

La cuestión estratégica es otra: cómo construir un modelo tecnológico capaz de adaptarse a diferentes obligaciones nacionales dentro de un marco europeo cada vez más convergente.

 

¿Qué es ViDA y cómo afecta a la factura electrónica en Europa?

VAT in the Digital Age (ViDA) es el paquete de reformas aprobado por la Unión Europea para modernizar el sistema del IVA y adaptarlo a una economía cada vez más digital.

La reforma fue adoptada definitivamente en marzo de 2025 y su implantación será progresiva hasta 2035. Uno de sus principales pilares es el desarrollo de nuevos Digital Reporting Requirements (DRR) apoyados en la factura electrónica.

El gran cambio para las operaciones B2B transfronterizas llegará el 1 de julio de 2030. Desde ese momento, los nuevos requisitos europeos de reporte digital se aplicarán a determinadas operaciones intracomunitarias y estarán basados en el uso de facturación electrónica estructurada.

Esto supone un cambio relevante respecto al escenario actual: la factura electrónica dejará de ser únicamente una herramienta de digitalización empresarial para convertirse también en una infraestructura fundamental para el suministro de información fiscal.

Pero ViDA no implica que todos los países europeos vayan a utilizar exactamente el mismo modelo.

 

Europa avanza hacia un objetivo común, pero mediante modelos nacionales diferentes

Uno de los principales desafíos para las empresas internacionales es precisamente la coexistencia de diferentes sistemas.

Países como Italia, Francia, Bélgica, Alemania o España han seguido calendarios y arquitecturas distintas para desarrollar sus respectivos modelos de facturación electrónica.

Las diferencias pueden afectar, entre otros aspectos, a:

  • Los sujetos obligados.
  • Los calendarios de implantación.
  • Los formatos admitidos.
  • Las plataformas utilizadas para el intercambio.
  • Los mecanismos de reporte a la Administración.
  • Los estados asociados a las facturas.
  • Los requisitos de interoperabilidad.

Por tanto, la convergencia europea no significa uniformidad inmediata.

ViDA establece una dirección común y permite avanzar hacia una mayor armonización, pero durante los próximos años las empresas deberán seguir gestionando un entorno caracterizado por múltiples modelos regulatorios y tecnológicos.

De hecho, los Estados miembros que dispongan de sistemas nacionales de reporte digital de transacciones deberán alinearlos con el modelo europeo antes de 2035.

 

España entra en una nueva fase con la Ley Crea y Crece

En España, la transformación ya tiene su propio calendario. El Real Decreto 238/2026 desarrolla el sistema de factura electrónica obligatoria entre empresarios y profesionales y regula, entre otras cuestiones, los requisitos técnicos, la interoperabilidad entre plataformas, la solución pública y los estados de las facturas.

Tras la entrada en vigor de la Orden HAC/1028/2026, el 6 de octubre de 2026 comenzó el cómputo de los plazos de aplicación.

La obligación será exigible:

  • Desde el 6 de octubre de 2027, para empresarios y profesionales cuyo volumen de operaciones haya superado los 8 millones de euros durante el año natural anterior;
  • Desde el 6 de octubre de 2028, para el resto de empresarios y profesionales.

El propio Real Decreto establece estos periodos de doce y veinticuatro meses desde la entrada en vigor de la Orden Ministerial.

España avanza así hacia un ecosistema en el que las facturas deberán poder circular entre diferentes plataformas y en el que la interoperabilidad se convierte en uno de los elementos fundamentales del modelo.

Además, la regulación española no se limita a cambiar el formato de la factura. Introduce también la obligación de gestionar información relacionada con su ciclo de vida.

 

La factura ya no termina cuando se envía

Uno de los cambios más relevantes que deben entender las empresas es que emitir una factura electrónica no equivale a completar el proceso. El modelo español establece que los destinatarios deberán comunicar determinados estados, entre ellos:

  • Aceptación o rechazo comercial de la factura.
  • Pago efectivo completo y fecha de pago.

Esta información deberá comunicarse, con carácter general, en un plazo máximo de cuatro días desde que se produzca el correspondiente estado, excluyendo sábados, domingos y festivos nacionales.

Por tanto, la preparación para la factura electrónica exige revisar procesos que van mucho más allá de la generación de un documento.

Afecta directamente a áreas como Finanzas, Cuentas a Pagar, Cuentas a Cobrar, Compras y Sistemas.

Uno de los cambios más relevantes que deben entender las empresas es que emitir una factura electrónica no equivale a completar el proceso. El modelo español establece que los destinatarios deberán comunicar determinados estados, entre ellos:

  • Aceptación o rechazo comercial de la factura.
  • Pago efectivo completo y fecha de pago.

Esta información deberá comunicarse, con carácter general, en un plazo máximo de cuatro días desde que se produzca el correspondiente estado, excluyendo sábados, domingos y festivos nacionales.

Por tanto, la preparación para la factura electrónica exige revisar procesos que van mucho más allá de la generación de un documento.

 

Afecta directamente a áreas como Finanzas, Cuentas a Pagar, Cuentas a Cobrar, Compras y Sistemas.

Para una organización internacional, abordar cada nueva obligación mediante un proyecto independiente puede generar una arquitectura cada vez más compleja.

ERP diferentes, proveedores tecnológicos distintos, formatos heterogéneos, plataformas nacionales y sistemas fiscales específicos pueden terminar construyendo un ecosistema difícil de mantener.

Por eso, las empresas deberían comenzar a trabajar sobre cuatro dimensiones.

 

1. Identificar las obligaciones de cada mercado

El primer paso consiste en disponer de un mapa actualizado de los países en los que opera la compañía y conocer:

  • Cuándo entra en vigor cada obligación.
  • Qué operaciones están afectadas.
  • Qué formatos deben utilizarse.
  • Qué sistemas de intercambio o reporte existen.
  • Qué procesos internos deberán adaptarse.

La anticipación regulatoria se convierte así en una capacidad empresarial.

2. Revisar la arquitectura tecnológica

La siguiente pregunta no debería ser solamente «¿puede mi ERP emitir una factura electrónica? ».
La cuestión es si la arquitectura tecnológica de la compañía puede conectarse con diferentes ecosistemas nacionales sin multiplicar las integraciones y los desarrollos.
Para grupos empresariales con presencia internacional, esta capacidad de adaptación será especialmente relevante.

3. Diseñar procesos globales con capacidad de adaptación local

Cada país puede exigir mecanismos diferentes, pero los procesos empresariales que existen detrás de una factura son similares.
Emisión, recepción, validación, aceptación, rechazo, conciliación y pago forman parte de un mismo ciclo financiero.
Establecer una estrategia global permite normalizar esos procesos y adaptar únicamente aquellos elementos que dependen de cada regulación nacional.

4. Incorporar el cumplimiento normativo al gobierno del dato

La factura electrónica estructurada convierte cada operación en información procesable.
Eso abre oportunidades que van mucho más allá del cumplimiento: automatización, trazabilidad, reducción de errores, control de pagos y mayor visibilidad financiera.
Las empresas que consideren la factura electrónica únicamente como una obligación fiscal estarán desaprovechando buena parte de su potencial.

 

De cumplir país por país a construir una estrategia global

Durante los próximos años convivirán diferentes calendarios nacionales con el despliegue progresivo de ViDA.

Por eso, para las empresas internacionales la pregunta ya no debería ser únicamente qué país será el siguiente en implantar la factura electrónica obligatoria.

La cuestión estratégica es si su arquitectura tecnológica y sus procesos financieros están preparados para adaptarse continuamente a un entorno regulatorio internacional.

España es uno de los mercados que afrontará un cambio profundo desde 2027, pero no será un proceso aislado.

La factura electrónica se está convirtiendo progresivamente en la infraestructura sobre la que se apoyarán nuevos modelos de intercambio empresarial, automatización y reporte fiscal.

En este escenario, disponer de una plataforma capaz de conectar empresas, sistemas y diferentes modelos regulatorios permite pasar de una lógica basada en proyectos nacionales independientes a una estrategia global de facturación electrónica.

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